martes

Carta a mi desconocido.

Querido desconocido:

Tengo risa. Una risa alegre, llena de vida, feliz, casi infantil. He sido estúpida en los últimos días, me amargué por nada, nada realmente importante y cosas totalmente superfluas, irrelevantes. Mi primera carta era una despedida a alguien que fue y era, existía. Me culpé a mi misma, dije que todo era una falta mia y que yo era responsable, pero después de escuchar, ver y oír expectante a mi alrededor, comprendí que las cosas no eran tan así. Morir no era la respuesta, y no lo digo por mi propio deceso.
Pero acerté desconocido, quería derrumbarme en el piso, que me tragara el océano, la tierra, el universo. Al principio, dejar que mis sentimientos idiotas se descontrolaran y hacer el ridículo era una buena opción. Tenía una razón para huir, pero no era una razón poderosa, para nada. Tan sólo un grano de arena en todo mi desierto. MI desierto, bañado por un sol enorme, con historias escritas en sus rincones y bajo las dunas infinitas. Recapacité. Que mi orgullo se cayera a pedazos era horrible, le daría en el gusto si me dejaba conquistar por un lado oculto en mis entrañas, un lado sentimentalista. Luego, la indiferencia se convirtió en otra posibilidad y la calma apaciguó el ambiente.
Es verdad lo que dicen desconocido, el tiempo verdaderamente curó las heridas. Pero yo no borraría las cicatrices de lo acontecido, soy humana y debo errar en algún minuto, al tropezar hay que saber levantarse. Agradezco el día en el que propuse aquella despedida y agradezco también eternamente a mi mente por elaborarla. No extraño ni añoro días de antaño, días inútiles, en los que me la pasaba malgastando oxígeno, saliva y tiempo. Estoy siento honesta, cosa que desgraciadamente, no era hace unos meses porque deliberadamente mentía, engañaba y arrancaba como prófuga, fugitiva en mi propio reino, siendo yo la princesa, una princesita malcriada y privilegiada, que teniéndolo todo, buscaba una historia con un final feliz. Como un deseo momentáneo de expiación, confieso desconocido, que no sufrí, no me queda el papel de mártir y menos en silencio. Lo que sentí realmente era irritación y todo este rollo minúsculo me exasperaba y era un dolor de cabeza más, literalmente. En mi mente, vaga el recuerdo de un viernes primaveral. Tomé pésimas decisiones ese día y tuve una noche fatal, realmente mi cuerpo sabía que algo estaba al reverso, pero mi mente no lo distinguía. Estuve horas en una camilla, tendida, presa del pánico, con los ojos llorosos, los iris verdes por la luz de la habitación. La fatiga en mi rostro era evidente y la piel con cardenales aún más, fue delito de las agujas. No culpo a nadie de esto, no pueden hacer nada y yo tampoco, sólo que la situación en la que me encontraba era delicada.. era pequeña, simple y débil en comparación con el mundo y mi mal. ¡Supéralo ya!
Todo fue una pequeña puesta en escena en mi obra y este personaje ficticio se ha fugado, no tiene un rol protagonista, nunca lo tuvo y no lo tendrá. Mirando por la ventana, sendentaria, no hay rastro de nubes blancas corriendo por los aires. El viento sopla: eleva las cortinas, revolotea por mi cabello y refresca mi mente. Apuntando a mis sentimientos con un revólver apático, los obligué a ser fríos. ¡Arriba los brazos, soy la indiferencia! Las amenazas funcionan en algunos casos y mi medida drástica daba frutos. Nada fue como esperaba, me encanta esa sensación. ¿Sabías desconocido, que la vida es una caja de sorpresas y para descubrir los secretos hay que vivirla simplemente?
Me quité la venda, abrí los ojos y ahora, todo está nítido, las aguas turbias ya se fueron. Finalmente, puedo ver el lecho del río.Así con la vida, desconocido.. Ya sabes, no espero tu respuesta, como siempre. Gracias por leer, de verdad, si te conociera diría que eres un ser confiable. Y gracias también por el mensaje que dejaste en mi cuaderno unos meses atrás, aún lo tengo(fer).


Un beso y un abrazo..

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