Bellas gigantes, primorosas. Se visten con largos trajes pomposos y avanzan altas, impulsadas por los susurros del viento. Robustas unas, delgadas otras, como finos cabellos de princesa. Son pálidas, traslúcidas y suaves. No se tocan, no se huelen y no se saborean. Puedes admirar su gracia pura, de un color exento de otros, que sólo con la muerte del día cambia, llevando un luto carmesí. Puedes sentirlas en el rostro, cuando bajan y deambulan entre los seres mundanos, que no notan que están ahí, con su humedad. Damas descalzas danzando por las calles de la ciudad. Es complicado hayar algo similar, tan sólo las más nobles ninfas etéreas y livianas poseen alguna de sus cualidades. Pero algunas, envidiosas, usan sus colores y se alegran cuando el día está perfecto y no hay rastro de ellas en el cielo. Porque son las reinas cuando la luna no figura y son sinónimo de dulces sueños y hermosos pensamientos,
las nubes..
domingo
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