Érase una vez un pueblo de barro, donde absolutamente todo era de barro. Las casas, los árboles, los calcetines, los espejos, los remolinos.. Incluso yo era de barro.
Todos vivíamos, no en armonía, pero bastante tranquilos. Quizás teníamos nuestras diferencias, pero definitivamente era un buen lodazal. Mejor que muchos otros y más afortunado que varios.
Un mal día, llegaron las nubes a vivir con nosotros. El alcalde, al borde del pánico, llamó a una asamblea del pueblo para saber qué haríamos con nuestras atrevidas huéspedes.
"Hemos pasado más de 10 lustros en ausencia de las muy desvergonzadas", dijo un hombre de barro. "No podemos dilatar más esta situación", intervino otro escupiendo fuego. El alcalde, con los nervios de punta, los llamó a la calma. ¿Qué era lo peor que podría pasar estando estas nubes sobre sus cabezas?
De pronto y sin previo aviso, se largó a llover.
viernes
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