jueves

Nubes.

Nubes lejanas. Vienen marchando, ocultando todo a su paso. El Sol está, permanece, se queda conmigo, pero se tiene que ir porque ya se hizo tarde, está anocheciendo, mientras las nubes
de un anaranjado violento siguen marchando sobre mi cabeza.
Desearía que se fueran lejos, que se desvanecieran, qué daría para espantar aquellas nubes, que a estas alturas, ya parecen sombras brotando de la oscuridad de un horizonte vacío, sin estrellas.
Me encantaría que pasaran de largo mientras cierro los ojos, o quizás retornaran su camino a casa. No es tan difícil si dejaron migas en la tierra para no perderse o si alguna de ellas, más lista que las otras, memorizó los pasos recorridos...

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